El impacto de la magia dorada de Iris no fué un ataque físico, sino algo mucho más peligroso que acabó con las defensas de la Bestia del Norte.
Evander retrocedió. Había sido invadido por la sensación de un hombre forzado a enfrentarse a una salvación que sabe que le está prohibida. Se apartó hasta que su espalda chocó contra el frío ventanal.
Iris no avanzó. Permaneció en el centro de la habitación, observando su mano, siendo consciente del cosquilleo que el contacto con la piel de Evander le