El aire primaveral entró por las ventanas abiertas de la alcoba. La luz dorada del sol bañaba las mantas de piel, creando un ambiente de quietud casi absoluta. El cachorro, ya con algunos meses, se movía sobre el suelo con una energía inagotable.
Evander lo observaba desde la cama, apoyado en un brazo.
El pequeño intentaba atrapar un rayo de sol. Sus movimientos eran rápidos, torpes pero llenos de una vitalidad que deslumbraba. De repente, el niño se detuvo frente a un juguete de madera tallada