La paz era un velo de seda, hermoso pero engañosamente fino.
Habían pasado dos meses desde que la nieve cubrió la sangre en el jardín de la Finca Thorsten.
Dos meses de reconstrucción, de risas de Hunter resonando en los pasillos y de noches en las que el único sonido era la respiración profunda y rítmica de Ronan junto a ella.
La manada prosperaba bajo el mandato de la Luna de Vida. El mundo parecía haber olvidado el sabor de la ceniza.
Pero esa noche, el sueño no trajo descanso a Seraphina.