El techo del infierno se vino abajo.
El ruido ensordecedor de la piedra partiéndose en dos ahogó el llanto de Adham. Pedazos de roca de obsidiana comenzaron a desplomarse desde la oscuridad de las bóvedas, amenazando con aplastarlos y convertirlos en polvo sobre el altar de la Oscuridad.
Seraphina cayó de rodillas, acunando al bebé contra su pecho. Cerró los ojos y dejó que el instinto maternal tomara el control absoluto. Una cúpula de luz pura y dorada estalló a su alrededor, creando un campo