La paz se asentó sobre la Finca Thorsten, pero no fue un silencio repentino. Fue el sonido de martillos golpeando piedra, de sierras cortando madera nueva y de risas que volvían a llenar los pasillos que habían estado demasiado tiempo en silencio.
Habían pasado dos meses desde la caída de Gabriel.
El invierno se acercaba, trayendo consigo un aire fresco y limpio que barría los recuerdos de la oscuridad, la sangre y la violencia pasada. La mansión estaba siendo reconstruida, más fuerte que antes