La paz se asentó sobre la Finca Thorsten, pero no fue un silencio repentino. Fue el sonido de martillos golpeando piedra, de sierras cortando madera nueva y de risas que volvían a llenar los pasillos que habían estado demasiado tiempo en silencio.
Habían pasado dos meses desde la caída de Gabriel.
El invierno se acercaba, trayendo consigo un aire fresco y limpio que barría los recuerdos de la oscuridad, la sangre y la violencia pasada. La mansión estaba siendo reconstruida, más fuerte que antes, fortificada no solo con acero y piedra, sino con lealtad.
Seraphina estaba de pie en el balcón del dormitorio principal, envuelta en una manta de lana gruesa, mirando cómo la primera nevada comenzaba a cubrir los jardines. Su mano descansaba distraídamente sobre su vientre plano.
—Hace frío —dijo Ronan, apareciendo detrás de ella.
Rodeó su cintura con sus brazos fuertes, atrayéndola contra su pecho cálido. Apoyó la barbilla en el hombro de ella, inhalando el aroma de su cabello.
—Me gusta el f