54 | Dí que eres mía

La habitación se convirtió en una zona de guerra silenciosa.

Ronan no encontró a nadie.

Revisó cada rincón, cada sombra, debajo de la cama, detrás de las cortinas pesadas, dentro del armario. Sus movimientos eran frenéticos, una borrachera de paranoia alimentada por el aroma desconocido que emanaba de la piel de su compañera. Pero no había huellas en la alfombra. No había ventanas forzadas. Todo estaba en silencio.

El enemigo había estado allí, pero no había estado.

—Nadie entró, Ronan —susurró Seraphina, sentada en el borde del colchón desnudo, abrazándose a sí misma para detener el temblor que le nacía en los huesos—. Fué solo un sueño.

Ronan se detuvo en el centro de la habitación. Su pecho desnudo subía y bajaba, brillando con una capa de sudor frío. Sus ojos se clavaron en ella.

—No fué un sueño —gruñó, acercándose a ella con pasos pesados—. Los sueños no dejan rastro.

La levantó de la cama. No fué un movimiento brusco, pero la firmeza de sus manos en su cintura fué absoluta. La
Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP