La tela blanca se deslizó por su piel con la suavidad de una caricia. Frente al espejo de cuerpo entero de la habitación, se observó. El vestido que Ronan había dejado para ella era una obra de arte.
Cada pliegue parecía haber sido diseñado para envolver su cuerpo como una segunda piel, realzando las curvas que la maternidad había dejado y que él tanto adoraba.
La tela caía suavemente hasta rozar el suelo, y los intrincados bordados de hilo de oro atrapaban la cálida luz de la chimenea, haciend