El asfixiante silencio de la enfermería era verdaderamente pesado. Estaba roto solo por la respiración pausada de Iris contra las impecables sábanas blancas.
El enorme desgaste mágico de haber purgado el acónito traicionero y de haber calcinado a Lyra le había pasado factura de golpe. Dormía profundamente bajo la atenta, fiera e incansable mirada de su dominante Alpha.
Evander no se había movido de su lado en las últimas cuatro horas.
Estaba sentado en una rústica silla de madera junto a la gr