Evander no dudó un solo instante, atrapó a Iris entre sus fuertes brazos con una desesperación absoluta, manchándose las manos con el líquido negro.
—¡Iris!
La voz de Evander se rompió. Fue un sonido verdaderamente desgarrador que resonó con furia en las paredes de piedra de la alcoba.
La princesa se retorcía contra su pecho.
Otra tos violenta sacudió su cuerpo entero y más sangre oscura manchó la camisa del hombre.
Sus manos se aferraron desesperadamente a la ropa de Evander mientras el dolo