Mundo ficciónIniciar sesión—Si no puedes darme un heredero, eres una Luna solo de nombre. ¡Necesito algo más que una inútil y estéril Omega jugando a ser una Luna! Las palabras de Jason, mi compañero Alfa, me hirieron más profundamente que cualquier cuchilla de plata. Durante tres años le había ocultado la verdad. Creía haberse unido a una Omega débil. ¿Pero la realidad? Yo era la hija del Rey Alfa. Esperé con ansias su regreso de una guerra victoriosa, dispuesta a revelarle mi verdadera identidad. Todo para descubrirlo volviendo acompañado de su otra hembra, Viki, quien estaba gestando a su cachorro. —Tienes dos opciones —gruñó Jason, con la mirada fría—. Perder tu estatus como Luna y volver a ser una Omega inservible, o quedarte por Viki y ayudar a criar a mi heredero. Empujada al límite, acepté su rechazo y regresé al reino de mi padre. Creía tener el corazón muerto, pero el destino me guio hacia un peligroso compañero, una segunda oportunidad. Para empeorar las cosas, Jason no pensaba dejarme ir tan fácilmente.
Leer másPunto de vista de NolanHabían pasado tres días y Talia seguía sin despertar. Los informes eran siempre los mismos: estaba estable, pero permanecía inconsciente.«Necesitamos estar con ella. Si estuviéramos a su lado, despertaría», se quejó mi lobo.Odiaba sentirme impotente.Apreté los dientes. El recuerdo de mi mano alrededor del cuello de Viki me atormentaba. Debí haberla matado allí mismo. Había decidido perdonarle la vida, creyendo que no duraría mucho como renegada, seguro de que los guerreros de Silverfang la encontrarían. Por desgracia, resultaron ser más incompetentes de lo que pensaba.Ahora, Viki estaba libre, oculta y seguía siendo peligrosa, mientras Talia continuaba inconsciente en la cama del sanatorio. El arrepentimiento me carcomía cada vez que revivía ese momento.«Tarde o temprano aprenderás a escucharme, necio testarudo», me regañó mi lobo.El Rey Alfa había cumplido su palabra. Apostó guardias en cada entrada de la enfermería, imposibilitándome pasar. Sus órdenes
Punto de vista de TaliaAl abrir los ojos, me rodeaba la oscuridad.Flotaba en un vacío donde mi única compañía eran el silencio y los recuerdos fragmentados. Llamé a la nada, pero nadie respondió. ¿Había muerto?Entonces, un recuerdo me desgarró. Las manos de los renegados habían sido ásperas contra mi piel. Sus garras me rasgaban el vestido mientras Viki observaba con satisfacción. Recordaba al que me hundió sus zarpas, deleitándose con mi grito. Le brillaban los ojos de hambre y su aliento me quemaba la cara.Me torturaban de nuevo. El sonido de la tela al rasgarse y el eco de la risa cruel de Viki se repitieron hasta que creí enloquecer. El miedo me atenazaba con tanta fuerza que me asfixiaba.De pronto, el dolor y el miedo se desvanecieron. Sin embargo, seguía flotando en la oscuridad. Aquello tenía que ser la muerte, y quizá fuera lo mejor. Aun así, la idea de no volver a ver a nadie me llenó los ojos de lágrimas.Recordé la voz tajante y autoritaria de mi padre, que se llenaba
Punto de vista de Nolan—¿Necesito un motivo para salvar a alguien? —pregunté.—No te hagas el listo conmigo, Nolan. Estás en la cuerda floja —advirtió el Rey Alfa.«No le hables del vínculo de compañeros», me advirtió mi lobo.«Por supuesto. ¿Crees que soy imbécil?», respondí.—Desprecio a los renegados —dije en voz alta—. Son destructivos, no respetan las leyes y no los tolero. Ya te había advertido que las fronteras de Silverfang eran débiles. Te dije que los renegados podían colarse, y aun así no me creíste. Y ahora, aquí estamos.El Rey Alfa frunció el ceño, mientras Solon continuaba hirviendo de rabia a su lado.—Dime la verdad —exigió el rey, con voz grave y peligrosa.—Esa es la verdad.Era cierto a medias, pero bastaría por el momento. Si descubría que yo era el compañero de Talia, me habría echado a patadas antes de que pudiera demostrarles a todos que era un asesino.—Mi lobo sabe que no estás diciendo toda la verdad —gruñó el Rey Alfa.Mantuve una expresión neutral, pero n
Punto de vista de NolanLas puertas de la enfermería se abrieron de golpe mientras entraba con Talia en brazos, y las sanadoras se acercaron a toda prisa al ver su cuerpo inerte.—Por aquí —indicó una de ellas, guiándome por el pasillo—. ¿Qué pasó?—La envenenaron con acónito. Ya se le administró un antídoto —respondí mientras las seguía.Acosté a Talia en la cama más cercana. Me resistía a soltarla, pero me obligué a hacerlo. Se veía tan frágil. Su estado había empeorado; los labios se le habían teñido de azul.En cuanto retrocedí, los sanadores se aglomeraron a su alrededor. Me hicieron a un lado y me escoltaron fuera de la habitación mientras cortaban lo que quedaba del vestido ensangrentado.«Debiste matar a Viki cuando tuviste la oportunidad —gruñó mi lobo mientras yo caminaba a zancadas hacia la sala de espera—. Se atrevió a lastimar a nuestra compañera, envió a renegados a hacerlo... ¡Debiste destrozarle la garganta!».Apreté los puños. «Le perdoné la vida solo para darle a Tal
Último capítulo