La verdad sobre su sangre no se quedó confinada en el laboratorio de Silas. Se filtró como un gas venenoso a través de las grietas de la mansión, alimentada por susurros, por oídos pegados a las puertas y por la red invisible de espionaje que tejía el mundo sobrenatural.
En menos de una hora, Seraphina había dejado de ser solo la compañera del Alpha. Se había convertido en el Santo Grial.
Ronan la llevó de vuelta a sus habitaciones, pero el ambiente había cambiado drásticamente. Ya no era el sa