El milagro verde en la maceta olvidada parecía burlarse de las leyes de la naturaleza. El helecho, hace un minuto un esqueleto marrón y quebradizo, ahora era una explosión de vitalidad esmeralda, sus hojas desplegándose con una arrogancia exuberante, las pequeñas flores blancas emitiendo un perfume dulce que luchaba contra el olor a sudor y violencia del gimnasio.
Ronan no miraba la planta. Miraba a Seraphina.
Su pecho desnudo y brillante de sudor subía y bajaba, pero no por el esfuerzo del com