El inhalador azul de plástico yacía sobre la mesa de caoba del despacho de Ronan como un cadáver pequeño. La mancha de sangre seca en el cartucho era una acusación silenciosa que llenaba la habitación de un aire irrespirable.
Seraphina estaba de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados tan fuerte que le dolían las costillas, mirando hacia la oscuridad del bosque donde su hermano se asfixiaba. Su loba interior arañaba las paredes de su mente, exigiendo sangre, exigiendo correr, pero su l