El último aliento del traidor abandonó su cuerpo destrozado. Sus crueles palabras quedaron flotando en el pesado aire.
El silencio regresó de forma asfixiante.
Evander retiró su afilada hoja con una indiferencia letal. Su amplio pecho subía y bajaba pesadamente, pero sus ojos azules estaban clavados en la piedra del suelo.
Su aplastante instinto salvaje retrocedió hacia las sombras, dando paso a una tensión silenciosa y dolorosa.
El peligro inminente en la fortaleza exigía actuar con prisa. Pe