Evander no pidió las pesadas llaves de hierro forjado. Tampoco rogó por un milagroso acceso pacífico ante el vil traidor que observaba desde lo alto.
El dueño del invierno se plantó frente a las colosales puertas de su propia fortaleza con una furia silenciosa y brutalmente aniquiladora. El oscuro líder no iba a negociar jamás con sucios cobardes.
Su letal presencia emanaba una asfixiante promesa de destrucción total.
Las sombras parecían alargarse ante su avance, respondiendo obedientes al i