El final del invierno arañaba los gruesos ventanales de la mansión. La escarcha aún adornaba los bordes de los cristales, pero dentro de la inmensa habitación principal, el frío era solo un mito lejano.
Seraphina despertó lentamente, envuelta en un calor suave. Estaba enredada en las extremidades de su Alpha. El brazo pesado de Ronan aún descansaba sobre su cintura, anclándola a su pecho ancho y trazado por algunas cicatrices, mientras sus respiraciones se sincronizaban en el silencio de la mañ