El frío sepulcral que rozó el cuello de Seraphina fue suficiente para que el Alpha detuviera el beso de golpe.
Ronan sintió el cambio drástico en la temperatura de su compañera. El calor abrasador que compartían se evaporó, reemplazado por un temblor violento que sacudió los hombros de la Luna Blanca.
—¿Sera? —murmuró Ronan, con la voz ronca, bajando la mirada hacia ella.
Seraphina no le respondió. Sus ojos dorados estaban fijos y dilatados, mirando por encima del hombro de él, hacia la oscurid