El gran patio central de la fortaleza estaba completamente abarrotado.
No había música festiva sonando de fondo. No había estandartes coloridos adornando los muros ni grandes banquetes diplomáticos. La manada del norte no celebraba sus victorias con bailes frívolos. Su cultura estaba forjada enteramente en la cruda supervivencia y en el filo del acero.
Esta noche era un juramento de lealtad absoluta.
Miles de lobos se congregaron bajo el cielo nocturno. Guerreros con armaduras abolladas, rastre