El tercer día de estricta recuperación fue un auténtico infierno terrenal. Evander era, sin lugar a ninguna duda, el peor paciente del mundo entero. El oscuro dueño del invierno odiaba profundamente estar confinado entre sábanas y almohadas.
Su naturaleza dominante y territorial le exigía levantarse. Necesitaba salir a patrullar los nevados muros de su fortaleza y organizar a sus guerreros.
—Tengo asuntos urgentes que atender afuera, Iris —gruñó, apartando las pesadas mantas oscuras con un ma