Los colmillos de Iris perforaron la dura piel del oscuro líder con una brutalidad nacida de pura desesperación.
El dolor metálico estalló en su paladar, mezclado con el sabor amargo del veneno sectario, pero ella no retrocedió ni un solo centímetro de su posición.
Presionó sus manos contra los anchos hombros de él, empujando su fuerza vital directamente al torrente sanguíneo de su compañero destinado.
El vínculo se forjó de manera salvaje, primitiva y absolutamente inquebrantable.
Una tremen