El silencio que sepultó al jardín invernal fue absoluto. La advertencia de la Bestia del Norte no fue un grito descontrolado. Fue una promesa oscura, ejecutada con una calma mortal que heló las venas de todos los presentes.
Adham tensó la mandíbula y apretó los puños a sus costados. Su mirada de cazador se fijó en la estatua de dominio devastador y ruina que tenía enfrente.
Evander no se movió.
Su imponente anatomía era un escudo infranqueable de dominación y sombra, una fuerza destructiva que