El despacho del capitán de policía olía a café caliente y ambiental de vainilla con canela. Esteban Montenegro ajustó el nudo de su elegante corbata de seda azul antes de golpear la puerta de roble con los nudillos. Detrás de él, dos abogados con maletines de cuero impecable esperaban, listos para desplegar documentos con la precisión de un ejército.
—Capitán Gutiérrez —dijo Esteban al entrar, ignorando la silla que le ofrecían—. Traigo evidencia irrefutable del asesinato de Lorena Ortíz Mont