Eva
Andrew entra sin tocar, como si esa puerta le perteneciera. Como si yo fuera otra cosa dentro de su mundo, un objeto mal colocado que puede mover cuando se le antoje.
Levanto la mirada y lo primero que noto no es su traje caro ni su postura impecable.
Es su cara.
Está pálido. Tenso. La mandíbula apretada. Los ojos duros, como si hubiera tomado una decisión que le duele, pero igual la va a ejecutar.
No digo nada.
No porque no tenga qué decir, sino porque mi cuerpo ya sabe que esto viene con