Durante los primeros días, verlo resulta más difícil de lo que había imaginado.
No porque el edificio sea grande o porque los horarios no coincidan, sino porque Andrew siempre está trabajando. En reuniones, en llamadas, entrando y saliendo de oficinas que no me corresponden. Su presencia se percibe más de lo que se ve.
A veces pasa por el pasillo sin detenerse. Otras, su nombre aparece en correos donde no figura como destinatario, sino como referencia. Es una figura constante, pero lejana.
Y es