Eva
El edificio impone desde antes de cruzar la puerta, lo observó intentando controlar mi respiración, no debería de estar aquí, pero no pude rechazar la oferta de una entrevista, y a quien voy a engañar, Hellen y Andrew han estado muy tranquilos últimamente, mover un poco las aguas mientras gano dinero no suena como un mal plan.
En recepción me piden identificación, me entregan una tarjeta temporal y me indican el ascensor. Nadie sonríe demasiado, pero tampoco son hostiles. Es una neutralidad profesional que reconozco bien.
El piso del vicepresidente está más tranquilo de lo que esperaba. Menos movimiento, menos ruido. Todo parece medido.
Cuando la puerta de la oficina se abre, no encuentro a la figura rígida que había imaginado.
El vicepresidente es joven. Más de lo que esperaba. Tal vez poco más de treinta. Lleva la camisa arremangada, sin corbata, y cuando me ve entrar se levanta de inmediato.
—Eva, ¿verdad? —dice, extendiendo la mano—. Soy Lucas.
No hay formalidad excesiva en