El último día de grabación no tiene nada de especial. Aunque tengo una sensación agridulce de esto.
Por primera vez tuve mi oportunidad de estar en la gran pantalla, pero hoy se acaba. Perdí mi trabajo para perseguir mi sueños, sin embargo el sueño termina hoy, y la paga no es gratificante.
No hay discursos, ni aplausos colectivos, ni esa sensación de cierre que venden en entrevistas. Solo termina. Una escena más, un "corten", y la gente empieza a guardar cosas como si nada hubiera pasado.
Yo también.
Entrego el vestuario, firmo los papeles finales y devuelvo el gafete temporal. Nadie me dice que fue un placer trabajar conmigo, nadie promete volver a llamarme. El director asiente en silencio cuando me cruzo con él. El asistente de producción me desea suerte con una sonrisa automática.
Y ya está.
Salgo del set con la misma bolsa con la que entré una semana atrás, solo que ahora pesa menos. No por el contenido, sino porque ya no hay nada a lo que aferrarse.
En el bus de regreso miro por