Hellen llega temprano.
No antes que todos, pero sí lo suficiente para que su entrada sea notada. Saluda al director con confianza, se detiene a hablar con producción y, casi sin transición, se coloca cerca de Daniel mientras él revisa el guion.
No es casualidad.
Mientras me preparo para mi escena, los observo de reojo.
Hellen hace nada que pueda parecer evidente. Simplemente se integra. Se ríe cuando él hace un comentario. Escucha con atención cuando explica una idea. Le toca el brazo solo una vez, lo justo para marcar presencia sin parecer invasiva.
Daniel responde.
No con euforia, pero sí con interés.
Lo noto en la forma en que se gira hacia ella, en cómo su postura cambia apenas. No se aleja. No corta la interacción. Al contrario, parece relajarse.
La escena que tengo esa mañana sale bien. El director no hace comentarios adicionales, lo cual, en este punto, es una buena señal. Cuando termino, me quedo a un lado del set esperando indicaciones para la siguiente toma.