El tercer día en el set comienza como si nada hubiera cambiado, aunque para mí todo es distinto.
Llego temprano, no por ansiedad sino por necesidad. Necesito observar el lugar antes de que se llene, recorrerlo sin ruido, recordar que este espacio ahora también me pertenece, aunque sea de forma provisional. Mientras camino entre cables y estructuras metálicas, saludo con un gesto breve a quienes ya me reconocen. No busco conversación. Tampoco la evito. Simplemente sigo mi ritmo.
El plan no requi