El resto del día es raro.
Hago cosas normales: limpio un poco, organizo ropa, reviso el guion de la escena que me mandaron para preparar, googleo entrevistas viejas de ese director para recordar cómo habla, cómo dirige, qué odia.
Rubi me observa en silencio un buen rato.
—Estás diferente —murmura mientras pelamos papas en la cocina.
—¿Diferente cómo?
—Más... despierta.
No respondo.
No quiero reconocer que algo dentro de mí se encendió desde que leí ese correo.
También reviso mi conversación con Andrew un par de veces.
El mensaje en el que me dice que pasé, el tono casi neutro, casi profesional.
No sé qué papel exacto juega él en todo esto.
No sé si movió algo, si solo abrió una puerta, si únicamente se limitó a reenviar mi video, si ni siquiera se atrevió a decir mi nombre en voz alta en una reunión.
No importa demasiado.
Lo importante es que estoy dentro.
Al caer la tarde, salgo al balcón con una taza de té que sabe a agua caliente y nada más, pero que al m