GIULIA
El reflejo en el espejo me devolvía la imagen de una mujer que apenas reconocía.
Vestido blanco, labios temblorosos, mirada perdida.
Yo.
La novia.
Y, sin embargo, no me sentía como una.
El silencio en la habitación era abrumador. Solo se escuchaba el suave tic-tac del reloj sobre la pared y el latido acelerado de mi propio corazón. Faltaba poco para la ceremonia. Solo el velo.
Antes de ponérmelo, mi mirada cayó sobre la mesa. Ahí estaba el sobre que Fernando me había dado la noche anter