DANTE
El humo del puro ascendía lento, formando una espiral azulada frente a mis ojos. Me quedé observándolo un momento, como si en esa voluta de humo pudiera ver el destino torcido que me esperaba.
Marco entró sin tocar, como siempre.
—El auto está listo —dijo con voz seria—. Claudia y Marcela ya fueron enviadas de regreso a la casa del norte. Aurora y Fiorella están durmiendo.
Asentí en silencio. Apreté el puro entre mis dedos antes de apagarlo en el cenicero.
—Bien. Es mejor que no estén aq