GIULIA
El calor me recorrió la piel antes de abrir los ojos. Sentí unas manos fuertes sujetándome de los brazos, inmovilizándome contra el colchón. Abrí los párpados de golpe. Dante estaba encima de mí, sin camisa, su cuerpo cubriéndome, su respiración ardiente chocando contra mi rostro.
—Dante… suéltame —alcancé a decir con un hilo de voz.
Él me besaba el cuello, descendiendo con caricias que me arrancaban un estremecimiento. Intenté empujarlo, pero mis brazos parecían débiles, traicionándome.