DANTE
El reloj marcaba unos minutos antes de las cinco. El tiempo corría como un cuchillo sobre mi paciencia. Ya casi era hora de ir por Giulia, de traerla de regreso para dar inicio a la cena y, sobre todo, para revelar mi decisión. Una decisión que cambiaría el rumbo de la casa Moretti.
Estaba listo para dar la orden a Marco cuando un golpe seco en la puerta interrumpió mis pensamientos.
—Adelante —dije, fastidiado.
La puerta se abrió y apareció Claudia. No era la Claudia impecable que siemp