Dante
El regreso a casa fue silencioso, cargado de una tensión que no quise romper. Apenas el auto se detuvo frente a la entrada, vi a Fiorella esperándonos con una sonrisa amable. Abrió la puerta trasera y sacó a Isabella con cuidado, estrechándola entre sus brazos mientras le preguntaba con dulzura cómo le había ido con el médico.
—Muy bien, tía Fiorella, pronto voy a ver… —respondió la niña, con un entusiasmo que me atravesó como un cuchillo y me dejó un extraño calor en el pecho.
Marco sal