DANTE
Nunca me ha gustado que me hagan perder el tiempo, y mucho menos que me lo hagan perder con estupideces. Mientras Marco conducía y los demás hombres seguían detrás de nosotros, la furia hervía dentro de mí como pólvora a punto de estallar.
El lado sur era mío, siempre lo había sido, y que unos forasteros creyeran que podían arrancármelo con amenazas era una ofensa que no pensaba tolerar.
Cuando llegamos al bar, la fachada me pareció casi ridícula: un local cualquiera, con las luces mort