GIULIA
El aire de la mañana olía a tierra húmeda y a flores recién cortadas. Los rayos del sol aún eran suaves, pero no lograban calentarme el pecho. Crucé el jardín con pasos lentos, buscando un poco de calma, un respiro que me ayudara a ordenar la maraña de pensamientos que me consumía. Sin embargo, lo que encontré fue otra sombra.
Fiorella estaba arrodillada frente a un pequeño rosal, hundiendo sus manos en la tierra como si buscara refugiarse en ella. Sus dedos, antes finos y cuidadosos, s