DANTE
Encendí el puro y dejé que el humo llenara la oficina. El silencio era cómodo, me daba tiempo para pensar, aunque pensar en estos días era lo que menos quería.
La puerta se abrió suavemente y Aurora apareció.
—Una de las chicas me dijo que me buscabas —dijo con esa calma suya que nunca perdía.
Asentí, dejando el puro en el cenicero.
—Quiero hacer algunos cambios en las habitaciones.
Ella alzó la mano para interrumpirme.
—Antes de eso, Dante… quiero agradecerte. Por haber traído a Fior