La mansión estaba extrañamente silenciosa cuando regresé del terreno. No sé si era por el cansancio del día, por lo grande que era la casa o porque Alessandro no estaba, pero el vacío se sentía más pesado de lo habitual.
Me dejé caer en la cama y, sin querer, mi mente regresó a esa noche… a esa cercanía prohibida. Al roce de sus manos en mi cintura, a su respiración mezclándose con la mía, a la mirada intensa que me había robado el aire.
Un segundo más y habría pasado. Un beso. Un error. O algo