Mundo ficciónIniciar sesiónMe quedé mirando la pantalla del teléfono de Alessandro como si ardiera en fuego. El nombre aparecía claro, sin titubeos, sin vergüenza: Luciana. No era un número extraño, no era un error… era ella.
Un nudo se formó en mi garganta. La llamada entrante desapareció tras unos segundos, pero el eco de ese nombre se quedó estampado en mi mente como una marca imposible de borrar. Cerré los ojos, respiré profundo, y dejé el celular exactamente donde estaba, como si nunca lo hubiera visto.N






