Se le veía totalmente ilusionado con el bebé; casi me estaba arrepintiendo de mi decisión.
“No, Isabella, no puedes echarte atrás”.
Traté de convencerme, de evitar dudar. Abortar era lo correcto, lo lógico. No podía tener un hijo en estas circunstancias.
—Debemos hablar. —Solté sin dejar de mirar a Natalia, quien me seguía mirando como si fuera un monstruo, pero no lo era. Solo no era el momento. No era justo. Ella tenía claro que amaba a Alec; yo... ¿De verdad amaba a Roberto?
—Por supuesto, d