La mujer bajó la escalinata hasta llegar junto a nosotras con una sonrisa de oreja a oreja.
—Señoras Romano, es un honor recibirlas en mi humilde casa.
Parpadeé un segundo intentando comprender la complejidad del asunto. Vale… ¿Karem había no solo conseguido mesa, sino hecho a la propietaria salir a recibirnos? No podía ser verdad. ¿Qué artimaña había usado?
—Buenas tardes, Úrsula. ¿Tendrías una mesa para nosotras?
—No comprendo, señora, su anfitriona ya está esperándolas dentro.
La cara de mi