Todo el caos de las últimas semanas parecía haberse apagado de golpe. Julia había desaparecido de mi vida. Roberto e Isabella también estaban desaparecidos tras la noticia del embarazo de ella. Nuestra vida iba volviendo a la monotonía. Romano pasaba horas encerrado tratando de recuperar los negocios ilegales destruidos en la guerra contra la cofradía; yo me encargaba de negocios más legales, los cuales también habían salido dañados.
—Natalia, ¿podrías despejar nuestras agendas a partir de las