Karem me sonreía mientras en la pantalla de mi smartphone se iluminaba el nombre de la empresa de acuario.
—Cójalo. Espero.
Descolgué el teléfono y, efectivamente, lo tenían ya todo listo. Mientras atendía la llamada, mi mirada no se desviaba de Karem. ¿Lo había planeado para impresionarme? ¿Había pagado a la empresa? Terminé la llamada y colgué.
—Casualidad.
Karem sonrió, se levantó y caminó hacia la puerta.
—No hemos terminado la entrevista.
—Sí, la hemos terminado. Me vas a rechazar. Esta tar