Isabella parecía decidida a ello. Julia la miraba horrorizada. Antes de darme cuenta de lo que hacía, mi mano cruzó el espacio entre nosotras. El sonido de la bofetada rompió el silencio de la habitación.
Isabella giró apenas el rostro al recibir el golpe de mi mano. Julia se llevó una mano a la boca.
Yo… Me quedé paralizada mirando mi propia mano. Entendía mi reacción, pero no podía entenderla. Era imposible esa decisión. Ella sabía muy bien que la felicidad de nuestros matrimonios consistía e