Marcos me había llevado a un restaurante precioso en la costa. Miré hacia el mar que ese día lucía embravecido. No sabía cómo afrontar todo; acaricié el bolso. Glock estaba en su interior. Era lo único que me ayudaba a mantener la calma desde el secuestro. Mi vida había estado en riesgo de muerte varias veces, habían tratado de venderme y al parecer al final había sido comprada por el padre de Isabella.
—¿Julia?
Escuché entre mis pensamientos mi nombre pronunciado por Marcos y esto me volvió