Me quedé unos segundos apoyada en la puerta tras salir de la habitación. Había estado tan cerca… La frustración me quemaba por dentro. No solo por lo que no había terminado, sino por la decisión de Romano. Tras suspirar, me fui hacia la habitación, para descubrirla desierta.
Un disparo rompió el silencio. Me estremecí. Luego otro. El eco retumbó en las paredes como si estuviera dentro de mi cabeza. Julia no estaba. Isabella tampoco. Mi estómago se encogió. ¿La habrían matado?
Mis piernas tembla