Por unas horas parecíamos tres parejas disfrutando de un retiro en una casa de campo. Al menos así fue hasta el almuerzo, donde entre olivos nos sentamos los seis a disfrutar de una buena barbacoa.
—¿Cuál es la decisión final? —preguntó Miguel mientras cortaba un trozo de carne.
La mirada de todos se dirigió a Romano, quien acarició mi pierna bajo la mesa.
—No me gusta hacerle esto a Natalia, pero ambas deben aprender a defenderse.
Julia tembló un poco antes de hablar.
—¿Disparar un arma?
—Y pe