El tiempo empezaba a ser opresivo en este encierro. El sol estaba alto, debía ser cerca del mediodía. Desde que habíamos sido encerradas en esta habitación no habíamos visto a nadie más. Intentamos golpear la puerta, incluso nos lanzamos contra ella pensando que de un golpe fuerte cedería, pero solo conseguimos hacernos daño en el hombro.
—Las dos chicas no se parecían a nosotras… —Murmuró Julia, tumbada en la cama mientras lanzaba una almohada hacia el techo y la volvía a coger—. ¿Crees que se