Estaba jugando demasiado fuerte. Tenía secuestrada a Natalia, aunque fuera con la excusa de mantenerla a salvo, y Alec empezaba a desesperarse.
—Necesito ver a Natalia.
Podía comprender la necesidad de mi prometido, pero no iba a poner la operación en peligro por ese capricho.
—No, necesitas acabar con la cofradía.
—Solo verla.
Esto era nuevo. Su tono y postura eran lo más parecido a verlo suplicar. Él jamás lo había hecho y por ella lo estaba haciendo. Sentí una punzada de envidia.
—Está a sal