Faddei
Riccardo me observa con diversión y al mismo tiempo con incredulidad mientras limpia la sangre de su nariz, esta vez no fue producto del envenenamiento de Mabel, sino por mi puño.
—Te creí muerto, me dieron una jodida foto de ti entre cadáveres. —Lo mismo que a mí. Busca en su cartera y me arroja el papel fotográfico.
—Ese día enterré a mi hermano —continúa. —Y me convertí en lo que tenía que ser para sobrevivir, me entregaron a Dante, lo perdí todo, me ofrecieron conservar mi vida ¿Que